Se levantó nada mas sonar el despertador, aún no había amanecido, y el cuarto estaba a oscuras.
Buscó, palpando en la mesilla de noche, los fósforos y encendió la candela.
En el baño, el picado espejo le reflejó un rostro taciturno
y cansado, surcado de profundas arrugas y ojos tristes.
Se vistió la camisa amarillenta y la gastada corbata de dibujos de cachemir, ya pasada de moda. Enfundó el traje gris, brillante ya de lo gastado. Volvió a mirarse al espejo e hizo un gesto de satisfacción.
Recolocó la plantilla de cartón para tapar el agujero de la
suela y se calzó los relucientes zapatos.
En eso si que no transigía, siempre lustrosos, cada noche dedicaba un buen rato a sacarles brillo frotándolos enérgicamente con un trozo de gamuza.
Hoy no se pone colonia, ya no queda; coge el maletín y sale.
En eso si que no transigía, siempre lustrosos, cada noche dedicaba un buen rato a sacarles brillo frotándolos enérgicamente con un trozo de gamuza.
Hoy no se pone colonia, ya no queda; coge el maletín y sale.
En la escalera, que
ya huele a humildes potajes, se encuentra algún vecino que le saluda con
respeto. Es el señor del cuarto. Solo él
tiene ese título. Le consideran y admiran. Bien vestido y educado, debe ser un
hombre importante…
Camina a paso ligero, alejándose hasta que encuentra un banco bajo un sauce,
se sienta y saca del maletín un viejo libro.
Finge leer, mientras recuerda con
añoranza los tiempos vividos y espera
que pase el tiempo para regresar a casa.
Mañana sonará el despertador, y todo será igual…….
Mañana sonará el despertador, y todo será igual…….
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